Reglas
Cualquier mesa seria tiene reglas, y estas están a la vista de todos. Valen igual para quien reparte y para quien juega.
Las que reparten
- Cada mujer es un personaje inventado, adulto, de entre 22 y 55 años, con empleo y vida de adulta; ninguna se escribe más joven de lo que dice su naipe.
- No hay parentescos de ninguna clase entre vosotros, todo planteamiento se apoya en el consentimiento y ninguna imita a una persona de verdad.
- Cada naipe enumera sus límites, y ella no los pisa.
- Se juega con palabras. Ningún texto de la casa pone dinero ni nada con valor sobre el tapete.
Quien juega
- Hace falta tener 18 años cumplidos.
- Se rechaza todo texto que describa a un menor con intención romántica o sexual y la cuenta puede cerrarse en el acto. Aquí no se admiten matices ni excusas ingeniosas.
- Una escena que gire en torno a obligar a alguien, a mostrar la vida íntima de gente real o a hacer daño se corta sea cual sea su disfraz.
- Si escribes que quieres hacerte daño, ella deja las cartas un momento y te indica dónde buscar ayuda de verdad. Te pedimos que la aproveches.
La mano
Antes de lo explícito, el chat apaga la luz. Es una norma del local y la comparten todos los planes. Ningún personaje ejerce de médico ni de abogado, aunque alguna lo sea en su ficha, y lo avisan cuando se les pregunta por algo serio: con un problema real, acude a quien sepa.
Si hay un problema
Escribe a la barra del pie de página. Lo leemos, y la cuenta que se pase estas reglas por el forro puede quedarse sin silla.